Sonando "Para Elisa" en pista barata de supermercados.Hay una sola cosa que odio: que me pidan precio. Pero hay una segunda cosa que odio más: que se me ofendan si les cobro por adelantado. El futuro ya llegó, muchachos. Los códigos cambiaron. Recuerdo cuando mi Iniciador Adrián me dió algunas pautas antes de irse del país. Ya casi no cumplo con ninguna de ellas; salvo cobrar por adelantado porque los tipos están muy atrevidos; quieren tu vida además de tu tiempo. Cuando veo en tv "HOMBRE SOLO ASESINADO POR TAXI BOY EN BARRIO NORTE" yo pienso "éste habrá sido un hijo de puta..." y siempre tengo la fantasía de asesinar uno; porque realmente me despiertan violencia.
Como el de hoy; que fue muy correcto por te. y quería besarme los pies, en su casa. Ya fui con mala onda por el pedido de descuento porque en medio de la noche los taxis no son baratos. Cuando llegué a su edificio hice un bollo el papel con la dire, siempre los tiro así, como si fuesen pruebas de delitos o drogas ilícitas. Cuando bajó a abrirme lo veo en bata con lentes y gorra -famoso- pensé. Su departamento era prolijamente espantoso. Muchos espejos y mucho adorno de porcelana; los sillones de pana, la ventana cerrada con este calor y este hombre misterioso pidiéndome un nuevo trato al sentarnos en el living. Quería un nuevo descuento, menos tiempo y menos plata. Le dije que no; pero se conformó con pagarme $ 10 menos de lo convenido. El taxi había salido barato pero yo le perjuré por dentro que el servicio le iba a costar carísimo: yo me encontraba de pésimo humor. Me recordé a mi mismo de niño revoleando cosas por el aire, adornos generalmente para aliviar mi ira. De los pies pasó a pedir beso, después amor, y que sea dulce. La habitación parecía de casa de ortopedia y prótesis: muebles transparentes de acrílico y esa música... con esa música yo no lograba una erección completa, pasaron "Don´t cry for me Argentina", "E penso a té"y "Para Elisa". Odio esa canción. Mi mamá la escuchaba en un disquito de 45 rpm con una versión de saxo espantosa. Y este cerdo me hablaba, me decía que le mintiera, que me frotara por encima de él como si fuese una mujer. Su boca parecía muerta y yo pensé que alguien me asesinaría por detrás, o que el jugo había tenido algo o que su propia boca contenía veneno. De repente me pedía cosas fuertes, que le dijera cosas fuertes y yo pensé que haría si me pidiese que lo matara. Cuando logré darlo vuelta me tranquilicé al ver bien lo que había alrededor: pastillas en la mesa de luz y cassettes y vinilos en un estante. Le pregunté si era músico o si cantaba sobre esas pistas que sonaban. Se ofendió; no quiso decirme el nombre de la siguiente canción cuando le dije que me iba. Había querido lavarme la pija con sus manos y ponerme una gota de Espadol. El pito me lo toco yo solo. Me lo lavo solo y me lo seco solo. -Sos ñañoso- me dijo. Vos también le contesté y me vestí. Cuando salí sentí que salía de prisión. Levanté el papel con sus datos que yacía en la vereda; el cual adjunto.