viernes, 6 de enero de 2012

Calla Maldita Marica


Sonando "Lago de forma mìa" (Spinetta)


Un paraguayito que conocìa siempre me amenazaba con un buen gato que veìa todos los fines de semana. Me decìa el sàbado te voy a llamar para ir juntos. Siempre pensè que era un delirio porque los taxis son peores que las putas y los ladrones... siempre tienen una carta oculta que es mejor que la tuya. Yo hacìa tiempo que estaba en banda, sin departamento y por mi cuenta. Me daba igual si era verdad o no.
Un sàbado me llamò. Me dijo de ir a Pilar y que fuèsemos en colectivo hasta un kilòmetro determinado, donde un chofer nos esperarìa y serìa nuestro còmplice de que no vinimos en auto para pasar màs viàtico. Yo le decìa que no me daba ir desde zona norte a plaza italia parta volver a pasar a cuadras de mi casa; pero intentar que este chico lo entendiera era como el àlgebra. Finalmente accedì esperarlo en Capital. Un amigo iba para Aeroparque en auto y yo le dije "acà" ¿acà? "sì" y bajè.
En el medio de los bosques de Palermo y con el tiempo justo creo que estaba a la altura de Juan B. Justo o sea a hectàreas del punto de partida. El cielo y la luz estaban tan grises y hermosos que me detenìa a fotografiar algunos àrboles que tenìan unas extrañas fundas tejidas en sus ramas, como si fuesen sueters de varios colores. Corrìa y fotografiaba; corrìa y llamaba a mi colega precolombino que no me atendìa; corrìa y pensaba "novato".
La cola del 57 era larguìsima; no entiendo por què un sàbado a esa hora y este imbècil no me contestaba. Cuando lo hizo me hablaba agitado y de una forma que me hacìa odiarlo una vez màs. Nunca me gustò que otro manejara la situaciòn. Estàbamos llegando muy tarde y yo ya estaba enculado; habìa sacado los boletos y no todos eran ràpidos a Pilar. Y el excelentìsimo gato no paraba de llamar y preguntar por dònde andàbamos. Yo tambièn me preguntaba por què gastarìa tanto dinero por dos perdidos como nosotros. Una vez arriba del bondi y Paraguay dormido empecè a desmenuzarlo con mis ojos. Todo èl era
impresentable y olìa a colonia muy barata. Pensè si yo serìa asì a los veintipico, tan vulgar. Eramos dos tipos unidos por algo muy poco honesto. Ibamos a cojernos a esta insoportable marica en su mansiòn. De tener intimidad con una persona asì de la que todo el mundo me habìa dicho que era intratable me daba repulsiòn ¿si me humillaba? ¿y si yo no cobraba lo pactado?
Llegamos y un chofer nos subiò a un auto lujoso de cuero del bueno en su interior y recuerdo que me deslumbraban sus apoyabrazos de madera. El paraguayo tenìa ya cierta confianza con este tipo y yo no podìa creer de la forma en que hablaban. Yo pensaba en lo bajo que habìa caìdo por estar en manos de alguien asì, por 300 pesos y tan lejos de mi casa.
Entramos por un inmenso jardìn como si fuèsemos ladrones. Debo reconocerle a la marica que su casa era destacable; parecìa tener cierta antiguedad, cierta calidad y comodidad... lo imaginè de la forma en que nos esperò en el cuarto despuès de pasar por algunos pasillos. Creo que estaba bronceado y llevaba una tùnica y joyas. Fue muy amable. Cojèrmelo no fue tan desagradable, su piel era suave y cuidada. Hasta pude besarlo. Lo ùnico que me molestaba era compartir la cama con el otro pibe. En un momento pedì ir al baño sòlo para ganar tiempo y pasè por un pasillo donde pude visualizar a un joven bonito saliendo de un enorme vestidor. Supe que era la pareja de èl. Y tambièn supe que era un ex-colega que hoy debido a su buena vida tenìa un poco de panza. Paraguay me dijo que a veces participaba o miraba. Yo pensaba còmo se arreglarìa eso en tèrminos econòmicos. Me encerrè en un baño pequeño donde un afiche me devoraba entero, el cartel de una especie de obra maestra del autor. Yo la habìa visto en teatro y detestaba todo este rubro. Odio los musicales. Odio a la gente que escucha y va a ver musicales. Odio las bandas de sonido de los musicales. Salgo desnudo y el chofer acechaba de reojo mis movimientos. Debo confesar que el bruto me gustaba. Me dijo algo que no pude escuchar, como si necesitara lo que fuese se lo pidiera. Yo querìa pedirle que me llevara a la ciudad en su auto de luxe. Entrè al cuarto otra vez y mi amigo estaba terminando su trabajo cuando Pepito me tomò la cara y me dijo alguna de esas cursilladas que se dicen cuando uno quiere algo del otro. Me rogaba con esos ojos tan desagradables. Creo que me pidiò que le chupara el culo y yo le dije que no lo hacìa. El me puso a prueba con otras cosas y yo exaltè de simpatìa, sòlo querìa charlar o estar tirado en esa cama. Lo bueno y lo malo de que alguien no use drogas recreativas es que todo se hace muy insoportable. Le dì mi leche para que se satisfaciera y dejara de joderme. Paraguay tambièn acabò pero èl lo hizo de regalado creo. En 45 minutos todo habìa terminado; para mì eran horas enteras perdidas. Mientras me mostraba su colecciòn de frascos de perfume hablamos un poco de arte y me pidiò una tarjeta para invitarme a algùn ensayo. Està prohibido darle tu nùmero telefònico a un gato si es cliente de otro; al menos delante del mismo. Siempre se me despierta la misma fantasìa adolescente de ser rescatado por un tipo desagradable y podrido en plata; pero con el tiempo me dì cuenta de que besar un sapo todos los dìas tiene un precio muy caro que nunca quise pagar. Nos invitò a la Biblioteca Nacional donde darìa una charla; yo inventè un compromiso impostergable y èsto le cayò mal me parece. En el vestidor donde me presentò formalmente a su pareja me hizo alcanzarle un par de zapatos y atàrselos. Me sentì incòmodo de estar en posiciòn de lacayo pero fingì que no me importaba. Llegaron dos autos a buscarnos y lo que habìa prometido, llevarnos hasta el centro de la ciudad terminò en un paseo hasta la ruta donde nos dejarìa para tomar el mismo colectivo que nos habìa traìdo. Pepe y calle, marica prostituida.