lunes, 2 de enero de 2012

"Garoto de programa parte 4" (última)


Sonando "Barba Azul versus El Amor Letal" (Patricio Rey & Los Redonditos de Ricota).



Ultimo día en Paraty y recuerdo recorrer lugares solo, ya que Marco dormía hasta tarde. Me metí por selvas de la costa por lugares donde solo llegabas navegando o como yo, pasando por enormes rocas donde la nariz me hacía tope como ataúdes de piedra. No sé cómo socialicé con una pareja de chicas que estaban peleadas y me encontré de nuevo con el juego del amo y del esclavo. La piba con la que nadábamos era una cuarentona de buen pasar era brasileña y estaba angustiadísima por el maltrato de la otra que yacía joven hermosa, argentina y apática en la arena. ¿Qué podía decirle yo salvo que el agua y el sol estaban increíbles?. Mis caminatas dejaron de ser cuando en principio ningún brasileño se me acercaba pero más aún cuando descubrí una hermosa vertiente de agua purísima y en el fondo como un lago tubular... yacía una serpiente muerta, con la parte de su cuerpo blanca mirando hacia arriba. Soy fóbico a los reptiles. Tenía cuenta libre en el barcito de esta mina que no puedo recordar el nombre. Había dos adolescentes preciosos de mozos. Recuerdo especialmente a uno por su pelo rapado, delgado y de unos ojos inmensos con pestañas de ciervo. Jugaban en la arena cuando no tenían nada que hacer, hacían movimientos salvajes como si fuesen de capoeira. Me invitaban a jugar y yo les dije que sólo me salían en el agua. Dormían en unas carpas detrás del bar; se los veía desaliñados y bellos. Imaginé que se la mamarían mutuamente. Mi única distracción era nadar hasta una barca anclada a unos 300 mts, subir a ella y quedarme tirado un rato mirando la costa. Desde ahí me daba vértigo volver. Empecé a hacer dibujos en la arena y le encargué a Fernando un lugareño que vivía en un auto, una especie de colgante que fuese como una estrella con una piedra blanca dentro. El me miraba con sus ojos marrones claros y rubio por el sol me modificaba el dibujo agregando ideas; nos comunicábamos así. Pero él tenía tendencia a que la forma de estrella le saliera bastante fumona. Todavía la conservo y esa estrella se llama "Fernando". Como no manejaba dinero yo, cuando Marco vino a la tarde me acompañó a buscar mi joya, había salido muy barato, el valor de una vaso de cerveza, unos pocos reales. Fernando me besó la mano en agradecimiento y Marco lo miro con desagrado y me dijo que estaría drogado, yo me puse muy colorado y pensé cómo un hombre tan hermoso podía dormir en un auto y no ser un príncipe o mi novio.

Cuando volví a Juiz realmente no sabía que hacer con mi vida. Marco me llevaba a lugares con sus amigos. Había una negra con brackets que me odiaba, otro amigo que había conocido en Bs As al que esperaba ansiosamente porque había algunos protectos de trabajo con él, quería que me formara como traductor. Después de cada pelea con Marco ellos se comunicaban y él lograba calmarme con su voz delicada y sus palabras de psicólogo. Una noche fuimos invitados a almorzar a casa de Ivana. Ella quería cocinar pastas caseras especialmente para mí. Era avasallante, fan de Chico Buarque, nieta de italianos no tenía nada de brasileña o sí; todo lo exhuberante de las dos culturas estallando por todas partes. Era medio rocker, yo la admiraba un poco, estaba separada y sus hijos eran independientes y andaban por ahí viajando. Cayó la noche y nos quedamos a dormir. Marco y ella se encerraron a tomar cocaína; él venía a cada rato a mi cuarto exitadísimo le temblaban las manos y una cosa que intuí finalmente sucedió: su amiga lo mandó a llamarme. Me dió una sensación tan incestuosa, dos amigos de toda la vida y yo. Era como acostarme con mis padres para mí. Como un niño histérico me encerré en el cuarto y me tomé una doble dosis de pastillas, sin agua... ese terror no me dejaba dormir, me carcomía una cosa prohibida y de deseo por haber sido el objeto elegido. Me puse a llorar y a gritarle cosas a Marco, que venía y detrás de la puerta me pedía disculpas e Ivana también (cuando la escuchaba a ella le gritaba de todo algo así como "puta drogadicta"). Todo el día siguiente le pregunté a Marco ya en su casa si le había metido su pija a la tana. Estaba obsesionado con eso. Me sentía egoísta preso del odio y miserable. Mi paranoia innata empezó a decirme que todo el Brasil se burlaba de mí. Ahora recuerdo que en ese almuerzo también había estado un ex novio de Marco el cual quería hablar de cocina argentina y yo le había dicho que no cocinaba él me había preguntado "¿ ni un huevo frito?" y yo le contesté con toda mi soberbia paz que mi familia no era una familia convencional. Durante varios días Marco me festejaba esos dichos como una genialidad. Yo ya no me reía.

Una tarde cuando vino de terapia me contó que le dijo al Dr Borges (pueden creer el nombre?) "usted debería conocerlo unos segundos". Fue así como a los dos días, tomando por mi cuenta un colectivo y sin conocer la ciudad acudí a una cita con el Dr. Si Freud sostenía que la mascota de un paciente era importante para darle informacion sobre él entonces yo sería un glosario. En principio estaba claro que ninguno de los dos sabía el idioma del otro, pero este hombre, sabio, moderno bajito y canoso, con ese hermoso apellido ilustre que me resultaba tan familiar me confesaba que no sabía que Marco Antonio había vuelto a consumir cocaína. Yo le dije en buen argentino que se le habían escapado algunas liebres. Después de 40 min de charla -sí, charlé más que con mi propio terapeuta en Bs As-; me hizo la pregunta que aún resuena en mi cabeza después de muchos años: "¿Qué vino ud. a hacer a este país?". No emití sonido alguno. Tal pregunta me curó. Esa misma noche armé mis valijas y en cuanto Marco apareció a la noche con el tipo nro 28; le grité de tal forma que me llevara hasta el cajero para sacarme un pasaje a Buenos Aires que no hizo otra cosa que callar su risa tonta de drogado, despachar al jovencito y bajamos juntos. Me dió lo suficiente para volverme. Pasé mi última noche en casa de una amiga de él; increíblemente amable y comprensiva. Llegué a Río hice 2 o tres llamadas y decidí viajar en micro nuevamente aunque el dinero me alcanzaba para un vuelo con esa diferencia me compré una tonelada de música brasileña que adoraba, inclusive ediciones de lujo que acá no existían. Así que Los Mutantes, Rita, Xixí Possi, Gal, Cássia, Caetano y Fernanda Abreu fueron mis acompañantes terapéuticos durante todo mi viaje de vuelta. Nunca más supe de Marco. A los meses le mandé unas fotos de mi estadía, objetos y lugares que yo había visto con mis ojos de extranjero. Mis ojos miel como los de Fernando.