sábado, 26 de noviembre de 2011

El Hipopótamo de Pumper



Sonando "Flagra" de Rita Lee.



Estando yo medio perdido, sin departamento propio, solía usar como "base de operaciones" el atelier de un famoso diseñador, amigo y artista muy respetado por mí. Las noches en lo de Gustavo nunca eran tranquilas, además de que entraba y salía gente todo el tiempo él siempre tuvo para conmigo una cosa paternal. Decía de mí "Con él no, es especial". Yo creo que mi especialidad radicaba en no traerle problemas, aunque tuve una etapa de vértigo, esa cara nunca más se la mostré. Después de haber estado internado 12 hs hace unos años en una guardia por intoxicación de cocaína. Eso merece un capítulo aparte, por lo bizarro, inocente-inconsciente y lo peligroso a lo que estuve expuesto. Gus oficiaba de anfitrión con sus atuendos exóticos; no era casual cada tanto cruzarme con una estrella de rock en su casa. Y yo soy cholulo de los músicos. Los amo. Yo me considero un rocker. Es la unica fantasía que me creo.
Un día recomendó mis servicios a un conocido, tan confiable y conocido suyo que estaba prohibido hablar de dinero. El caballero sería generoso conmigo al final de la cita. Mi intuición y mi razón gralmente van de la mano y no me gusta manejarme de esa forma. Una vez más el príncipe se convertiría en sapo: y me lo comería yo.
Llego en un auto hasta un lugar de casas bajas; pasando once y rivadavia para mí ya no es una Buenos Aires amable. Espero desde el auto a que suba El Hipopótamo de Pumper. Me dije -que ser detestable- por sus escándalos mediáticos... me daría verguenza ir con él a cualquier lado. Yo creo que estaba algo drogado como para que este tipo me llevara "de las narices" a un telo de cuarta del mismo barrio. Ahí me dije alerta: el dinero. Se hizo el boludo con las típicas palabras "no confiás en mí?" "está gustavo de por medio".
-No- me dije a mí mismo.
Me hizo la vida imposible en ese lugar, además de no tener aditivos para convidar, me manipuleó todo el tiempo, hasta quería que me tirara boca abajo en una especie de "caballito de madera". El puto era activo ¿lo pueden creer? y su chota era gorda como él.
Como no estuve nada dócil empezó una larga caravana en auto por algunos puntos de la ciudad. Jamás pensé cual era su verdadero plan. Fuimos a un edificio a esperar que nadie nos abriera y terminamos ya de día en un after horripilante que hay cerca del Abasto. Odié ese lugar, con esa gente tan vulgar y reventada donde los papelitos glacé pasaban por todas partes, no se podía respirar del humo espeso que flotaba. La música espantosa estaba al mango.
Nos recibieron como reyes y nos dieron lo que en el lugar sería una "mesa vip". Me da mucho pudor contar lo que sucedió después. Se acercó un mozo o encargado a su oído y estando frente a mí me dijo el emisario que tenía que abandonar la mesa o sino me retirarían por la fuerza.
La siguiente escena pasó delante de mis ojos como una película deseada. Tan deseada como irreal. Mi mente me dijo: "Pablo levantá esa botella de champán barato y partísela en la cabeza" Imaginé la siguiente situación escandalosa como el puto mismo, mariconeando con que que se moría y yo agarrado y arrastrado por dos tipos; arrojado en la vereda, a pleno sol de una mañana. Siempre me arrepentí de no haberlo hecho.
El encargado me agarró de un brazo y le dije "soltame, salgo solo" dije buenos días, me arreglé el pelo con las manos y salí sintiendome el hombre más miserable y humillado del mundo.
Llegué caminando a casa de Gus, había mucha gente en su mundo irreal; le relaté los hechos como si fuese un Juez de Paz y me dijo "qué barbaridad, voy a hablar con él después".
La gorda me debe 300 mangos y la crucé muchas veces por la calle, ahora usa unas extensiones. La última vez lo ví en una mesita del Bauen, yo observé las dos botellas de cerveza que estaban frente a su cara y repetí una y mil veces la escena. Así debe ser mi película: en cámara lenta y con su cabeza llena de vidrios y yo sintiéndome un ángel justiciero de las causas que los ángeles no deberían ocuparse nunca.