jueves, 8 de diciembre de 2011

" Garoto de Programa parte 1"



Sonando "
Non, Je ne Regrette Rien" -Càssia Eller-


Un verano de 2004 decidì probar suerte en un sauna exclusivo para hombres. Me saquè el prejuicio de que debìa ser culturista y tambièn me saquè la remera. El dueño era un rubio muy antipàtico, creo que me odiò desde el primer dìa que me viò. Su socio era màs copado y era el que en realidad manejaba el local. Amaba estar en un sitio tan "paquete" como es la avda Pueyrredòn y Mansilla. Me dieron 2 dìas a la semana, yo debìa estar sentado en una barra del lado de afuera, con mi hermoso bañador color celeste de exclusivo diseño que me afinaba la cintura, me sentìa elegante y retro, de hecho supe que me habìan tomado para contrarestar el cacho de testosterona que venìa los dìas que restaban de la semana: Julito. Nunca tuvimos sexo y me hubiese encantado porque su pene ya era mitològico en la zona y me despertaba màs curiosidad que deseo.
Los tipos venìan con una ficha y me pedìan un masaje; subìamos a un cuartito muy precario dividido con una mamposterìa que despuès me explicaron que era para despertar las ganas de consumir del resto de los clientes. El ùnico mueble era una camilla y creo que me recibì de contorsionista en ese perìodo. Una vez al salir un cliente me asomè y vì a tres tipos afuera mostràndome la ficha: fue fascinante, me imaginaba que eran caballeros mostràndome sus billeteras. Recuerdo que llegaba a casa y el pedìa a un amigo que me ayude a contar los billetes que sacaba hecho bollos de los bolsillos. Todos regalos de los sres que querìan algo màs que los tocara. Fue una genialidad... no podìa durar mucho...
La mayorìa de los tipos querìan mi te. y yo les daba pistas de còmo conseguirlo, ya que estaba prohibido verlos fuera del local. A mì me daba mucha risa el dueño, hacièndose el arsitocràtico en esa recepcion a la cual llegabas por unas escaleras sìmil màrmol y que despuès yo los atendiera en esa casilla.
Una tarde llegò Marco Antonio, un brasilero de ojos verdosos profundos que em resultaba familiares; muy borracho, estaba fascinado conmigo porque decìa que mi aspecto era italiano y le encantaba la cultura argentina y su neurosis; contarle que mi abuela era una inmigrante que habìa llegado en barco y no se habìa nacionalizado. Era mèdico y me revisaba los brazos y se quedaba estupefacto al ver que tenìa todas las vacunas puestas y que mis padres no habìan pagado por ello. Me esperaba a la salida y recorrìamos la ciudad; librerìas y disquerìas formaban parte de una idiosincracia que de tanto llevarla pegada en la piel yo ya no la valoraba; èl era bastante joven y muy agradable, se enganchaba con mi locura, hasta tomàbamos los mismos antidepresivos. Fuimos al Colòn a una visita guiada y yo me sentìa tan orgulloso de pertenecer a esta Metròpoli mientras Marco no dejaba de asombrarse por los detalles de arquitectura. El mismo tenìa sus propios detalles copados que en su momento no supe apreciar, su ideologìa y cultura.
En el sauna se pudriò todo cuando el dueño descubriò un aviso mìo con mi te. en una revista gay que circulaba por el mismo sauna: mi pista habìa sido descubierta. Tambièn me habìan mandado un viejo que se me hizo el enamorado para poder sacarme màs datos. Todavìa lo recuerdo dàndose vuelta intentando robarme un beso mientras me lo cojìa y me decìa "Pablito, Pablitooooooooooo". Ay dios... los putos viejos pierden tiempo en cada cosa... En mi defensa aleguè que esa publicaciòn era anterior a mi ingreso al sauna, que la foto estaba de espalda y que... finalmente era un prostituto que dònde querìa verme si en alguna revista de decoraciòn. El dueño me dijo que estaba despedido y que mi excusa de que la foto estaba de espalda no servìa porque llevaba un tatuaje y que... era un maleducado por contestar. Le preguntè en que año habìa nacido y allì terminò la discusiòn.
A los 5 meses, sin pareja y sin dinero le escribì a Marco Antonio y le pedì que me rescatara, que querìa viajar y estar con èl. Creo que le mentì un poquito yo me querìa escapar al Brasil. Decidì irme en micro, querìa demostrarle que estaba dispuesto a todo por èl, hasta un viaje de 48 hs sentado. Recuerdo haber llevado poquìsima ropa y 60 cds. Cruzar la frontera me hacìa sentir en una pelìcula, soñaba que me detendrìan por tràfico y era vejado en alguna càrcel de la triple frontera y nadie reclamaba por mì convirtièndome en un botìn de guerra donde gendarmes y camioneros pasaban por mi culo. Sòlo recuerdo las pocas paradas en la ruta y de còmo las comidas se alejaban de mis hàbitos a medida que estàbamos en el extranjero. Tambièn me robè un cd de Rita Lee de una tienda y me neguè a ponerme una remera en el micro cuando el aire acondicionado dejò de funcionar a 12 hs de partir. El chofer me hablaba educadamente y cuando me comenzò a gritar me puse los auriculares en su cara y Charly Garcìa me decìa que odiaba las hormigas. Vì cebùes y mucha vegetaciòn, caminos rojos... y casitas en el medio de la nada yo me hacìa los videoclips de las canciones mientras ibamos a esa velocidad, imaginè a Cyndi Lauper cantando "Stay" en medio de esos bosquecitos con làmparas de papel. Años despuès cuando vì en un recital de ella que usaba làmparas chinas para esa canciòn me dì cuenta de que tenìa razòn... No me hice amigo de nadie durante el viaje, pero al llegar a Rìo ayudè a una chica vestida de exploradora a conseguir un hotel cerca de la mugrosa terminal de òmnibus, y mientras subìamos las escaleras con los bolsos la convencì de darme mi primera ducha en 48hs. Ella se irìa al dìa siguiente en aviòn al norte y yo tomarìa un micro de 5hs hacia el interior, nunca garquè, me higienicè y desenredè mi pelo en un tiempo rècord mientras los dueños del hotel le golepaban la puerta a esta piba preguntàndole si realmente la habitaciòn era para uno. Ella les iba a explicar hasta que me asomè todo enjabonado y les dije: "Tuve una necesidad". No parecìan brasileños, parecìan orientales como todos los dueños de hoteles... no pertenecen a ningùn paìs, su jurisdicciòn es su propio negocio. Intentè despedirme amablemente y preguntarles si querìan que les pagara por el favor pero sòlo recuerdo que me gritaban que me fuera cuanto antes mientras bajaba las escaleras con mis dos bolsos. Me sentì en Pekìn, sì, exactamente asì.