Sonando "Lago de forma mìa" (Spinetta)
Un paraguayito que conocìa siempre me amenazaba con un buen gato que veìa todos los fines de semana. Me decìa el sàbado te voy a llamar para ir juntos. Siempre pensè que era un delirio porque los taxis son peores que las putas y los ladrones... siempre tienen una carta oculta que es mejor que la tuya. Yo hacìa tiempo que estaba en banda, sin departamento y por mi cuenta. Me daba igual si era verdad o no.
Un sàbado me llamò. Me dijo de ir a Pilar y que fuèsemos en colectivo hasta un kilòmetro determinado, donde un chofer nos esperarìa y serìa nuestro còmplice de que no vinimos en auto para pasar màs viàtico. Yo le decìa que no me daba ir desde zona norte a plaza italia parta volver a pasar a cuadras de mi casa; pero intentar que este chico lo entendiera era como el àlgebra. Finalmente accedì esperarlo en Capital. Un amigo iba para Aeroparque en auto y yo le dije "acà" ¿acà? "sì" y bajè.
En el medio de los bosques de Palermo y con el tiempo justo creo que estaba a la altura de Juan B. Justo o sea a hectàreas del punto de partida. El cielo y la luz estaban tan grises y hermosos que me detenìa a fotografiar algunos àrboles que tenìan unas extrañas fundas tejidas en sus ramas, como si fuesen sueters de varios colores. Corrìa y fotografiaba; corrìa y llamaba a mi colega precolombino que no me atendìa; corrìa y pensaba "novato".
La cola del 57 era larguìsima; no entiendo por què un sàbado a esa hora y este imbècil no me contestaba. Cuando lo hizo me hablaba agitado y de una forma que me hacìa odiarlo una vez màs. Nunca me gustò que otro manejara la situaciòn. Estàbamos llegando muy tarde y yo ya estaba enculado; habìa sacado los boletos y no todos eran ràpidos a Pilar. Y el excelentìsimo gato no paraba de llamar y preguntar por dònde andàbamos. Yo tambièn me preguntaba por què gastarìa tanto dinero por dos perdidos como nosotros. Una vez arriba del bondi y Paraguay dormido empecè a desmenuzarlo con mis ojos. Todo èl era impresentable y olìa a colonia muy barata. Pensè si yo serìa asì a los veintipico, tan vulgar. Eramos dos tipos unidos por algo muy poco honesto. Ibamos a cojernos a esta insoportable marica en su mansiòn. De tener intimidad con una persona asì de la que todo el mundo me habìa dicho que era intratable me daba repulsiòn ¿si me humillaba? ¿y si yo no cobraba lo pactado?
Llegamos y un chofer nos subiò a un auto lujoso de cuero del bueno en su interior y recuerdo que me deslumbraban sus apoyabrazos de madera. El paraguayo tenìa ya cierta confianza con este tipo y yo no podìa creer de la forma en que hablaban. Yo pensaba en lo bajo que habìa caìdo por estar en manos de alguien asì, por 300 pesos y tan lejos de mi casa.
Entramos por un inmenso jardìn como si fuèsemos ladrones. Debo reconocerle a la marica que su casa era destacable; parecìa tener cierta antiguedad, cierta calidad y comodidad... lo imaginè de la forma en que nos esperò en el cuarto despuès de pasar por algunos pasillos. Creo que estaba bronceado y llevaba una tùnica y joyas. Fue muy amable. Cojèrmelo no fue tan desagradable, su piel era suave y cuidada. Hasta pude besarlo. Lo ùnico que me molestaba era compartir la cama con el otro pibe. En un momento pedì ir al baño sòlo para ganar tiempo y pasè por un pasillo donde pude visualizar a un joven bonito saliendo de un enorme vestidor. Supe que era la pareja de èl. Y tambièn supe que era un ex-colega que hoy debido a su buena vida tenìa un poco de panza. Paraguay me dijo que a veces participaba o miraba. Yo pensaba còmo se arreglarìa eso en tèrminos econòmicos. Me encerrè en un baño pequeño donde un afiche me devoraba entero, el cartel de una especie de obra maestra del autor. Yo la habìa visto en teatro y detestaba todo este rubro. Odio los musicales. Odio a la gente que escucha y va a ver musicales. Odio las bandas de sonido de los musicales. Salgo desnudo y el chofer acechaba de reojo mis movimientos. Debo confesar que el bruto me gustaba. Me dijo algo que no pude escuchar, como si necesitara lo que fuese se lo pidiera. Yo querìa pedirle que me llevara a la ciudad en su auto de luxe. Entrè al cuarto otra vez y mi amigo estaba terminando su trabajo cuando Pepito me tomò la cara y me dijo alguna de esas cursilladas que se dicen cuando uno quiere algo del otro. Me rogaba con esos ojos tan desagradables. Creo que me pidiò que le chupara el culo y yo le dije que no lo hacìa. El me puso a prueba con otras cosas y yo exaltè de simpatìa, sòlo querìa charlar o estar tirado en esa cama. Lo bueno y lo malo de que alguien no use drogas recreativas es que todo se hace muy insoportable. Le dì mi leche para que se satisfaciera y dejara de joderme. Paraguay tambièn acabò pero èl lo hizo de regalado creo. En 45 minutos todo habìa terminado; para mì eran horas enteras perdidas. Mientras me mostraba su colecciòn de frascos de perfume hablamos un poco de arte y me pidiò una tarjeta para invitarme a algùn ensayo. Està prohibido darle tu nùmero telefònico a un gato si es cliente de otro; al menos delante del mismo. Siempre se me despierta la misma fantasìa adolescente de ser rescatado por un tipo desagradable y podrido en plata; pero con el tiempo me dì cuenta de que besar un sapo todos los dìas tiene un precio muy caro que nunca quise pagar. Nos invitò a la Biblioteca Nacional donde darìa una charla; yo inventè un compromiso impostergable y èsto le cayò mal me parece. En el vestidor donde me presentò formalmente a su pareja me hizo alcanzarle un par de zapatos y atàrselos. Me sentì incòmodo de estar en posiciòn de lacayo pero fingì que no me importaba. Llegaron dos autos a buscarnos y lo que habìa prometido, llevarnos hasta el centro de la ciudad terminò en un paseo hasta la ruta donde nos dejarìa para tomar el mismo colectivo que nos habìa traìdo. Pepe y calle, marica prostituida.
Sonando "Barba Azul versus El Amor Letal" (Patricio Rey & Los Redonditos de Ricota).
Ultimo día en Paraty y recuerdo recorrer lugares solo, ya que Marco dormía hasta tarde. Me metí por selvas de la costa por lugares donde solo llegabas navegando o como yo, pasando por enormes rocas donde la nariz me hacía tope como ataúdes de piedra. No sé cómo socialicé con una pareja de chicas que estaban peleadas y me encontré de nuevo con el juego del amo y del esclavo. La piba con la que nadábamos era una cuarentona de buen pasar era brasileña y estaba angustiadísima por el maltrato de la otra que yacía joven hermosa, argentina y apática en la arena. ¿Qué podía decirle yo salvo que el agua y el sol estaban increíbles?. Mis caminatas dejaron de ser cuando en principio ningún brasileño se me acercaba pero más aún cuando descubrí una hermosa vertiente de agua purísima y en el fondo como un lago tubular... yacía una serpiente muerta, con la parte de su cuerpo blanca mirando hacia arriba. Soy fóbico a los reptiles. Tenía cuenta libre en el barcito de esta mina que no puedo recordar el nombre. Había dos adolescentes preciosos de mozos. Recuerdo especialmente a uno por su pelo rapado, delgado y de unos ojos inmensos con pestañas de ciervo. Jugaban en la arena cuando no tenían nada que hacer, hacían movimientos salvajes como si fuesen de capoeira. Me invitaban a jugar y yo les dije que sólo me salían en el agua. Dormían en unas carpas detrás del bar; se los veía desaliñados y bellos. Imaginé que se la mamarían mutuamente. Mi única distracción era nadar hasta una barca anclada a unos 300 mts, subir a ella y quedarme tirado un rato mirando la costa. Desde ahí me daba vértigo volver. Empecé a hacer dibujos en la arena y le encargué a Fernando un lugareño que vivía en un auto, una especie de colgante que fuese como una estrella con una piedra blanca dentro. El me miraba con sus ojos marrones claros y rubio por el sol me modificaba el dibujo agregando ideas; nos comunicábamos así. Pero él tenía tendencia a que la forma de estrella le saliera bastante fumona. Todavía la conservo y esa estrella se llama "Fernando". Como no manejaba dinero yo, cuando Marco vino a la tarde me acompañó a buscar mi joya, había salido muy barato, el valor de una vaso de cerveza, unos pocos reales. Fernando me besó la mano en agradecimiento y Marco lo miro con desagrado y me dijo que estaría drogado, yo me puse muy colorado y pensé cómo un hombre tan hermoso podía dormir en un auto y no ser un príncipe o mi novio.
Cuando volví a Juiz realmente no sabía que hacer con mi vida. Marco me llevaba a lugares con sus amigos. Había una negra con brackets que me odiaba, otro amigo que había conocido en Bs As al que esperaba ansiosamente porque había algunos protectos de trabajo con él, quería que me formara como traductor. Después de cada pelea con Marco ellos se comunicaban y él lograba calmarme con su voz delicada y sus palabras de psicólogo. Una noche fuimos invitados a almorzar a casa de Ivana. Ella quería cocinar pastas caseras especialmente para mí. Era avasallante, fan de Chico Buarque, nieta de italianos no tenía nada de brasileña o sí; todo lo exhuberante de las dos culturas estallando por todas partes. Era medio rocker, yo la admiraba un poco, estaba separada y sus hijos eran independientes y andaban por ahí viajando. Cayó la noche y nos quedamos a dormir. Marco y ella se encerraron a tomar cocaína; él venía a cada rato a mi cuarto exitadísimo le temblaban las manos y una cosa que intuí finalmente sucedió: su amiga lo mandó a llamarme. Me dió una sensación tan incestuosa, dos amigos de toda la vida y yo. Era como acostarme con mis padres para mí. Como un niño histérico me encerré en el cuarto y me tomé una doble dosis de pastillas, sin agua... ese terror no me dejaba dormir, me carcomía una cosa prohibida y de deseo por haber sido el objeto elegido. Me puse a llorar y a gritarle cosas a Marco, que venía y detrás de la puerta me pedía disculpas e Ivana también (cuando la escuchaba a ella le gritaba de todo algo así como "puta drogadicta"). Todo el día siguiente le pregunté a Marco ya en su casa si le había metido su pija a la tana. Estaba obsesionado con eso. Me sentía egoísta preso del odio y miserable. Mi paranoia innata empezó a decirme que todo el Brasil se burlaba de mí. Ahora recuerdo que en ese almuerzo también había estado un ex novio de Marco el cual quería hablar de cocina argentina y yo le había dicho que no cocinaba él me había preguntado "¿ ni un huevo frito?" y yo le contesté con toda mi soberbia paz que mi familia no era una familia convencional. Durante varios días Marco me festejaba esos dichos como una genialidad. Yo ya no me reía.
Una tarde cuando vino de terapia me contó que le dijo al Dr Borges (pueden creer el nombre?) "usted debería conocerlo unos segundos". Fue así como a los dos días, tomando por mi cuenta un colectivo y sin conocer la ciudad acudí a una cita con el Dr. Si Freud sostenía que la mascota de un paciente era importante para darle informacion sobre él entonces yo sería un glosario. En principio estaba claro que ninguno de los dos sabía el idioma del otro, pero este hombre, sabio, moderno bajito y canoso, con ese hermoso apellido ilustre que me resultaba tan familiar me confesaba que no sabía que Marco Antonio había vuelto a consumir cocaína. Yo le dije en buen argentino que se le habían escapado algunas liebres. Después de 40 min de charla -sí, charlé más que con mi propio terapeuta en Bs As-; me hizo la pregunta que aún resuena en mi cabeza después de muchos años: "¿Qué vino ud. a hacer a este país?". No emití sonido alguno. Tal pregunta me curó. Esa misma noche armé mis valijas y en cuanto Marco apareció a la noche con el tipo nro 28; le grité de tal forma que me llevara hasta el cajero para sacarme un pasaje a Buenos Aires que no hizo otra cosa que callar su risa tonta de drogado, despachar al jovencito y bajamos juntos. Me dió lo suficiente para volverme. Pasé mi última noche en casa de una amiga de él; increíblemente amable y comprensiva. Llegué a Río hice 2 o tres llamadas y decidí viajar en micro nuevamente aunque el dinero me alcanzaba para un vuelo con esa diferencia me compré una tonelada de música brasileña que adoraba, inclusive ediciones de lujo que acá no existían. Así que Los Mutantes, Rita, Xixí Possi, Gal, Cássia, Caetano y Fernanda Abreu fueron mis acompañantes terapéuticos durante todo mi viaje de vuelta. Nunca más supe de Marco. A los meses le mandé unas fotos de mi estadía, objetos y lugares que yo había visto con mis ojos de extranjero. Mis ojos miel como los de Fernando.