miércoles, 7 de diciembre de 2011

"El odio inducido"

Sonando "Welcome to the world" -Toni Childs-


Escribir de resaca sobre la resaca puede resultar tremendamente perturbador. En los 90`s tuve la fortuna o no sè còmo llamarlo de estar alejado de la cocaìna. Sì una vez me habìa aliviado un resfrìo, otra vez la usè para despertarme cuando trabajaba para una estrella de rock y poder segurile el ritmo. Amo dormir y amo comer. Siempre creì en la frase de Spinetta "todo es en vano como no dormir". Mi crianza en la nataciòn y otras terapias que incluìan la respiraciòn (yoga, canto o pilates reformer) me prohibìan conscientemente meterme cosas en la nariz, me parecìa tan grave como inyectarte. La dècada de las bolsas y los amigos de la bolsa me habìa pasado por arriba. Mi departamento llegò a ser un "aguantadero cultural" de gente que consumìa. Yo tengo una manìa muy infantil de dormir mientras los demàs hablan o estàn cerca; es como si velaran mi sueño o mi cuerpo, como asisitir a mi propio velatorio, es cierto. Me da placer saber que estàn ahì mientras yo voy desvanecièndome de un dìa agitado; levantar las cenizas y los vasos semivacìos; me sentìa el anfitriòn encantado. Ellos se iban y yo despertaba con el recuerdo de mis amigos en el lugar, de un tiempo compartido casi sin estar presente. Yo escondì la balanza de una amiga, se la recibì con la inocencia de quien guarda una bici prestada. Yo fuì el acompañante terapèutico de una cantante de rock y tambièn he guardado una piedra grande como un pocillo de cafè en una casa que no era del todo mìa. Yo jugaba el juego de los demàs y me divertìa. He acompañado a amigos a visitar dealers porque me parecìan fascinantes y si mal no recuerdo, una amiga que traficaba en moto me dejò en una bar un buen rato mientras desaparecìa en una villa. Todo esto me parecìa fascinante y anecdòtico.
Cuando se me empezò a hacer pesado atender tipos ya que mi deseo estaba dilapidado por las pastillas recetadas, cuando un vacìo en el pecho empezò a atravesar mis pulmones y mi espalda y hacìa que todo pasara de largo, cuando mis fantasmas de la niñez empezaron a asomarse de nuevo, cada vez màs reales, cada vez màs solo, cada vez màs triste y encerrado; màs distinto de todos, màs lejos de todos...el polvo de dios como lo llama Fito empezò a gustarme. La angustia de la noche desapareciò y nadè en un mar de pijas nevadas, de desconocidos que me decìan en la cara "mirà què lindo puto" y me gustaba màs y me sentìa un porno star donde era invitado y pagaba la entrada a cambio de un free pass a mi culo. Cuanto màs duro màs hermoso me sentìa; empecè a conocer todos esos còdigos que antes no entendìa, he llegado a sentirme el rey y el perro sarnoso de la calle tambièn.





A veces me acostaba con todos esos olores ajenos, solo en mi cama y me sentìa muy sexy. Siempre querìa estar arriba de la montaña rusa, arriba arriba arriba... era como morir y seguir vivo. Yo que no conocìa a los snobs intoxicados, yo que nunca habìa visto el sol de la mañana sin dormir antes, yo que era tan sanito... ahora era el reventado, el que calculaba gramos por minutos, el que seleccionaba al indicado, al que la tenìa màs grande al que tenìa màs cantidad. Con una frialdad absoluta una vez en un telo, eramos como 9 taxis y cuando vì que el cliente se estaba atragantando con su sàndwich de lomo (recomiendo no comer mientras te drogas) yo miraba la escena pasar desde el jacuzzi, yo tenìa el poder y el control, yo tenìa el telèfono de todos, del rubio, del negro, del "yeti" y del mecànico... el juez se estaba poniendo morado y yo querìa que se muriera y me vì a mi mismo y no me reconocì en el espejo. ¡què suerte! me dije se muere este viejo asqueroso y yo me quedarè a vivir acà con todos estos chicos y la tarjeta del cajero. Que suerte que el cordobès que era muy gauchito lo auxiliò. Se habìa tragado una aceituna. Lo vì a metros y mientras se recuperaba mis ojos se pusieron amarillos y se encontraron con los de èl, que parecìa un animal que se habìa salvado de un sacrificio. Volteè la mirada cuando un pie robusto se metiò en mi jacuzzi y uno que ni me habìa percatado lo hermoso que era me preguntò: ¿nos vamos? Yo me zambullì una vez màs como se lo habìa visto hacer a Julia Roberts en "Mujer bonita". Salì y le dije: "Otra vuelta màs".

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