jueves, 15 de diciembre de 2011

"Garoto de Programa parte 3"




Sonando "A day in the life" (The Beatles)



Muchas veces escapè de casa de Marco, lleguè a Rìo y volvìa otra vez. Nunca podìa irme del todo. Lo màs lejos que lleguè fue a casa de Gabi, que estaba en intensa luna de miel con su chico del Brasil. Recuerdo que fueron a buscarme a la Terminal y de ahì una especie de Ferry nos llevaba a Niteroi. Todo me parecìa el Conurbano bonaerense yo no podìa creer que mi mente no me abriera otros horizontes. La ùnica vez que me internè en Rio fue a bordo de un colectivo que me llevò casi 2 hs para adentro a una zona residencial de la que yo habia tomado una direccion del diario donde habia garotos de programa (prostitutos). Le preguntè a una guarda mujer y me indicò donde bajar; yo lleguè con los bolsos y recuerdo caminar por una calle de tierra y ver un auto rojo y a su dueño lavàndolo y pedirle agua de la manguera. Seguì un poco màs y me detengo en una especie de Jessie James brazuca; alli me reciben unos hombres que parecìan salidos de "El Padrino" o de alguna otra pelicula de principio de los 70`s. Tengo una charla con un tipo que tenìa si mal no recuerdo la cabeza de algun animal en la pared. Nos entendimos bien, la idea era vivir allì y que sea lo que dios quiera. Lo ùnico en lo que no estuve de acuerdo era en dejar mi documento en sus manos ¿y si un dia me queria ir? No hubo trato y cuando salì vì a todos esos chicos lindos comiendo arroz con sus ojotas y en cueros; parecìan esclavos. Quizà lo eran. Los saludè y volvì a Juiz de Fora donde conocìa bien a "mi verdugo".

Intentè pedir laburos en bares, donde Marco y yo eramos conocidos pero todos me sugerìan que disfrutara de la hospitalidad de èl. Yo les explicaba que en Bs As tomar camareros de afuera era cool; màs tarde me enterè que eran tan machistas estos putos que el propio Marco les habìa pedido que no me dieran trabajo; que no lo necesitaba. La particularidad es que Juiz de Fora es considerada la ciudad "gay" del Brasil. No crean todo lo que dicen por ahi, hagan su propia experiencia.

Una tarde donde la humedad era insoportable y mi aburrimiento era extremo me dediquè a hurgar en cosas ajenas y sè como es eso. Podès encontrar lo que no querès. Entre papeles de garantias de electrodomèsticos hallè estudios mèdicos donde afirmaban que Marco era VIH + y yo sumè a todos los conflictos esta causa y me embanderè ilògicamente con los extremos del amor propio y la salud. Marco siempre me habìa cuidado; es màs trabajaba en una Organizacion para prevenir esta enfermedad, pero yo no soportaba la mentira. Estaba encaprichado como un nene... estuve un dìa entero encerrado tomando mis pastillas en el cuarto de huèspedes. Una ira antigua se apoderò de mì. Todo debìa ser perfecto y no lo era. Mi infierno interior me perseguìa a tavès de los hemisferios. Barli me dejaba la comida en la puerta del cuarto y cuando venìa Marco lloraba desconsoladamente dicieèndole que la maltrataba. Las pastillas para dormir evitaban que tuviese hambre. Desde allì, como un loco encapsulado planeaba una huida una vez màs. ¿Què hacìa acà?.

Marco casi me derriba la puerta era increìble escuchar dos personas discutiendo en sus propios idiomas. Lo odiaba me odiaba. Le abrì y le saltè como a una presa con una catarata de insultos; èl me decìa con que autoridad un prostituto le hablaba asì; que nunca olvidara que me habìa conocido en la barra de un sauna con un sòlo un bañador puesto y montònde boludeces màs como la "superioridad" de los argentinos, blah blah ¿y donde estaba el Mercosur?. ¡Tango y drama! me gritaba.

Despuès de la tormenta vino una dulce luna de miel y breve; unos dìas en el mar en Paraty; paramos en una Posada de un francès conocido. Allì vì por primera vez una laptop. En la Playa una negra con mezcla de oriental tenìa un parador soñado, donde Marco era habituè. Una noche ella cumpliò años y hubo fogatas en la playa y mucha gente de muchos lugares. Amo a los extraños. Otra noche de pelea en un bar y dormì afuera. Marco estaba borracho y delante de un amigo me dijo "payaso" y yo en ese lugar que parecia un decorado de spaghetti western le tirè un vaso de agua en la cara; cuando volvì no tenìa forma de entrar a la posada. Escuchaba muchos sapos y veìa bichitos de luz. Un arroyito me separaba de unos àrboles y me trepè, caminè por el corredor del primer piso y la habitaciòn estaba cerrada. Probè todas las puertas hasta encontrar una libre. Dormì solo y no sabìa que harìa al dìa siguiente. Escuchè a Marco entrar a la habitaciòn de al lado, borracho y solo al menos... Por suerte tenìa unos mangos guardados en el vinilo de Cyndi Lauper que conseguì en Rìo. ¿Hasta dònde llegarìa esta vez?.

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