
sonando "La la la" (Spinetta/Pàez)
Una noche vino a visitarme Guillermo. Su sexo era convencional, pero sus charlas eran largas y demasiada filosòficas para mi gusto. Tenìa la extraña costumbre de invitarme a cenar despuès del polvo. Yo amo comer, aunque preferìa siempre haberme quedado en casa. Este hombre relativamente pequeño, rubio de ojos saltones era caballero al extremo; me daba pudor cuando esperaba a que me sentara para hacerlo luego èl. Un dìa me confesò que era funcionario. Nunca entendì si era un funcionario argentino con un cargo en Cuba o viceversa. Yo que nunca pude con mi genio a pesar de que por el 2005 no tenìa una postura polìtica definida, me embanderè en las libertades individuales que creìa me daban mi creatividad artìstica.Me hablò de Fidel Castro abstenièndose de comer ese mismo bife que estàbamos degustando si asì lo requerìa un ajuste en el reguimen de la isla. El me estaba "chequeando" para saber si yo era digno de ir en un futuro cercano a acompañarlo. Yo recuerdo mis tìos comunistas y homofòbicos, por lo tanto creì imposible de ocultar mi puesto de "secretario o asistente". Le propuse hacer la experiencia de ir como voluntario, algo que me cerraba màs y a la vez me despegaba de su regazo; ya tuve malas experiencias en el exterior por no arreglàrmelas por mì mismo. Sus visitas se hicieron frecuentes, pagaba bien pero las cenas ya me molestaban; eran como una especie de test permanente. Asì que tomè la postura de agregar un poco de tensiòn y criticar el règimen. Y ver hasta dònde llegàbamos. Este hombre cada vez me parecìa màs misterioso, a medida que me familiarizaba con su pene gordo y muy blanco, me distanciaba de mirarlo a los ojos. Mi intuiciòn me decìa que habìa una mentira. Nunca me molestò ser objeto sexual de mis clientes pero sì me enardecìa cuando era el destinatario de sus neurosis. Si les hubiese seguido el juego a mis clientes de turno hoy estarìa en Grecia, en un castillo español o al menos en una linda estancia bonaerense. Este tipo me querìa hacer entender algo de lo cual no estaba de acuerdo. Le dije delante de su servicio de mesa que estaba aburrido y que preferirìa no volver a atenderlo, que me parecìa bàsicamente un pesado. Bajè las escaleras del famoso restaurante-vidriera de Santa Fè y Riobamba y vì las caras berretas de siempre con sus perros pequeños y maricones de siempre. Lleguè a casa y me peguè un baño; siempre ayuda a limpiar las tensiones. Nunca màs vì a este hombre. Hace un año fuì a ver la pelìcula nacional "El Estudiante" y allì estaba èl, en una escena, con su diccìon perfecta. Tardè varios minutos en tratar de recordar de donde conocìa esa cara y esos ojos. No pude dejar de pensar en otra cosa mientras la pelìcula seguìa con su trama. Pocas veces me sentì tan tonto. Los mètodos de los actores para entrar en personajes pueden ser muy insòlitos. Durante un tiempo me obsesionè con la idea de encontrarlo a la salida de un teatro y preguntarle ¿volviste de Cuba?.
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