
-Sonando "Shattered dreams" de Cyndi Lauper-
Es la primera vez que la canciòn no pertenece al tiempo del relato. Una noche en el piringundìn de Liniers, ese matriarcado de putas que Adriàn habìa sabido conseguir gracias a su sagacidad y encanto, llegò a ser mi refugio con placard incluido donde yo pegaba fotos como los estudiantes americanos en sus loockers escolares. Allì guardaba lo mìnimo y necesario de ropa, un reloj despertador y productos cosmèticos... siempre me gustaron siempre los necesitè. Cada vez volvìa menos a mi casa y como nuncame preguntaron que hacìa ya que no era un pibe problema... quedaba abotonado dìas con Adriàn. El ocupaba mi atenciòn 24 hs. Las 12 que estaba conmigo y las 12 en las que no estaba y lo esperaba. Yo hacìa màs bien el turno dìa y la noche nunca fue lo mìo. Pero yo me quedaba sòlo para dormir con èl. Eso me llenaba por completo. Una noche que èl no estaba apareciò un tipo de aspecto de señora gorda, era una cosa rara, sus rasgos, su andar, me parecìa absolutamente desagradable. Venìa a verme especialmente a mì ya que Adriàn me habìa recomendado. No compartìamos clientes, no me gustaba, me sentìa promiscuo... sentì que algo sagrado se rompìa si uno sabìa del otro en la forma de atender.
Subimos por esa larga escalera caracol, donde segùn los pisos cambiaban los colores. Todo un operativo de seguridad se ponìa en acciòn cuando era "un cliente para los chicos". Recuerdo hablar fuerte mientras subìa, y tapar asì las risitas còmplices y agudas de las chicas a travès de los cortinados. Los olores a desodorantes de ambiente baratos se mezclaban profanamente con los perfumes vulgares y dulces de las chica, los cigarrillos y un clima de encierro y noche que de dìa no lograba ventilarse. La luz era una lastimadura en los ojos de todos: menos para mì.
Una vez en la habitaciòn el gordo me mirò con unos ojos profundamente europeos, me contò que era poeta y que le gustaban las historias de la gente para escribir e inspirarse. Recuerdo haberle dicho que mi historia no era muy atrapante durante la noche porque me entregaba al sueño que si buscaba acciòn verdadera deberìa volver cuando estuviese Adriàn. Odiè decirme eso, si no me pagarìa ese encuentro no cenarìa. Tuve la suerte de nacer en octubre, ser libriano de pura cepa y esto encandilò completamente a mi nuevo cliente. Mi desgano el lo traducìa en un objeto a conquistar y mi poca entrega en el colchòn a una especie de seducciòn pasiva. Pagò varias horas y yo nunca sentì que mi compañìa valiera tanto. Tampoco sabìa què lo mantenìa despierto. Yo no conocìa el polvo de Dios. Despuès de algunos intentos por tener acceso carnal a mì, cuanto màs se frustraba màs se enamoraba... para mì era perfecto. Despuès de luchar con èl le confesè que querìa dormir; no me importaba el dinero querìa que se fuera. Lo tomò como una subida de apuesta y allì estaba, mi querido Jorge, poeta de rasgos angelados, muy transpirado intentando encontrar a sus musas forzadas en ese cuarto mal iluminado y con ruidos indiscretos. Finalmente me propuso que durmiera y sentì còmo un papel estaba siendo escrito sobre la mesa de piel que le ofrecìa mi espalda nadadora y anfibia en ocasiones. Estuvo toda la noche escribiendo. Sè que se fue a la mañana y encontrè uno de los poemas en la precaria mesita de luz: estaba redactada con fibra roja y su tìtulo decìa "Escrito en tu espalda" Durante un tiempo seguido venìa todas las noches, estaba obsesionado y yo no lo aguantaba màs, por lo que arreglàbamos citas fuera del cabarullo; a mì me rendìa màs. Nos la pasàbamos por bares y disquerìas de liniers. Llegaba a mi casa con un pequeño puñado de dòlares que malgastaba porque los creìa ganados de mala manera. Con el tiempo fuimos amigos, llegò a tener la llave de mi departamento que alquilè unos años despuès cuando me independicè; llego a ser mi acompañante terapèutico y enfermero 24 hs a mi disposiciòn. Me daba pudor cuando declamaba, recuerdo que lleguè a aguantar la risa, y sin embargo despuès lo extrañaba. Abusè de èl hasta secarlo literalmente. Unos años despuès me confesò que nuestro romance le habìa costado el valor de dos departamentos. Yo solo le dije ¿y por què no hicimos un viaje?. Despuès vinieron un par de libros dedicados a mì donde en uno de ellos participè del arte de tapa y creo que en ese momento me convertì en Musa profesional. En terminos profesionales yo le habìa consagrado un tiempo arancelado impagable. Pero a èl le daba rojo, porque nunca lo amè. Un tiempo conservè sus escritos y poemas, en un sobre bordò. No recuerdo si la humedad o las mudanzas hicieron que perdiera algunos, pero "Escrito en el cuerpo" anda por ahì. Hace poco lo llamè en medio de una noche, pero algùn jovencito de turno ocuparo ese lugar que nunca me perteneciò. El està quebrado y yo tambièn. Ya no màs discos importados, ya no màs salir corriendo tras de mì. Aunque nunca haya dejado de ser ese chico que necesitaba y necesitaba algo todo el tiempo. Yo me quedè anclado en 1996. Para Jorge nunca hubo un tiempo. El fue mejor que yo.
"Pero a èl le daba rojo, porque nunca lo amè."
ResponderEliminarMe siento espiar las memorias de una Diva. Creo que es lo mejor que has escrito hasta ahora.
Musa Profesional
gracias querido alan, temì pecar de presumido pero es lo que hace un autodidacta. ♥
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